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El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) plantea enormes oportunidades y también riesgos, particularmente en la circulación de información sobre la migración. El reciente documento Antiqua et Nova del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación (2025) subraya la necesidad de distinguir entre la inteligencia humana –don de Dios orientado a la búsqueda de la verdad– y la inteligencia artificial, que se limita a procesar datos y ejecutar tareas. Solo el ser humano es un sujeto moral capaz de tomar decisiones libres y responsables.
La comunicación constituye parte esencial de la condición humana: no es solo transmisión de mensajes, sino encuentro entre personas, visión del mundo y búsqueda compartida de sentido. Como señaló Apel[1], la ética del discurso exige reconocer a los interlocutores como sujetos con igual dignidad y capacidad argumentativa. De este modo, la comunicación no puede reducirse a un instrumento técnico, sino que se convierte en un espacio ético y relacional donde está en juego la verdad.
El documento Antiqua et Nova dedica especial atención a los riesgos de la desinformación producida con ayuda de la IA (nn. 85-89). Aunque esta tecnología puede servir para comprender realidades complejas, también facilita la creación de deepfakes y contenidos falsos con fines de manipulación. Tales prácticas distorsionan la relación con la realidad, debilitan la confianza social y alimentan la polarización política. Por ello se requiere regulación y responsabilidad compartida: combatir la desinformación no es tarea exclusiva de expertos, sino de toda la sociedad.
El Papa Francisco, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2024[1] y en su discurso al G7 sobre IA (2024), advirtió que la tecnología es un instrumento: puede ser útil o dañina según el uso que se le dé. Recordó que la máquina elige de manera técnica mediante algoritmos, pero solo el ser humano decide desde su conciencia, poniendo en juego la dignidad y la libertad. En esta línea, León XIV – en particular en el Mensaje con ocasión de la segunda conferencia anual sobre inteligencia artificial, ética y gobernanza empresarial (2025) – subrayó que reconocer lo que hace único al ser humano es esencial para cualquier marco ético sobre la IA.
La desinformación dirigida a personas migrantes en EE. UU. creció notablemente[2]: de un 30% en 2023 a un 49.4% en 2025, con un 27.2% de afectados directamente por fraudes. Los principales canales son WhatsApp (39.1%) y Facebook (34.4%), aunque aumentan TikTok y los engaños presenciales. La mayoría de los fraudes se relacionan con trámites migratorios o laborales, aprovechando la necesidad y vulnerabilidad de los migrantes.
Los vídeos y las imágenes manipuladas generan miedo y alimentan los discursos de odio contra los migrantes
Un caso emblemático ocurrió en septiembre de 2025 tras una marcha organizada en Londres por el activista de ultraderecha Tommy Robinson, que reunió a más de 100.000 personas y derivó en disturbios. A raíz de esta protesta circularon imágenes falsas de supuestas manifestaciones anti-migrantes en toda Europa. El equipo EuroVerify de Euronews identificó varios vídeos manipulados:
Una grabación aérea de Varsovia, en realidad del Día de la Independencia polaco de 2023, fue presentada como protesta masiva contra la inmigración.
Un vídeo de las fiestas de San Fermín en Pamplona se difundió como símbolo del “despertar cristiano de Europa”.
Imágenes de hinchas en Hamburgo fueron manipuladas como si se tratara de manifestantes anti-migrantes.
Incluso Elon Musk compartió un montaje generado con IA que mostraba la protesta londinense con el Arco de Triunfo de París al fondo, reforzando narrativas de odio y desinformación. Estas falsedades buscan legitimar sentimientos xenófobos, debilitan la cohesión social y socavan la democracia.
Ante esta realidad, se hace urgente una ética de la comunicación. Como afirma Adriano Fabris, vivimos una “sobredosis comunicativa” una avalancha de flujos informativos difícil de discernir. La comunicación puede ser usada y manipulada, pero también sigue lógicas que escapan al control individual. Sin embargo, esto no exime de responsabilidad a quienes producen y difunden mensajes.
La ética comunicativa exige asumir tanto las consecuencias directas como las indirectas de nuestras acciones. Ser responsables significa responder a los demás y a la verdad que nos interpela. En este marco, la lucha contra las noticias falsas sobre migración no es solo un desafío técnico o político, sino también ético y espiritual: compromete la defensa de la dignidad humana, la promoción de la justicia y la construcción de una democracia auténtica.
Fotos: Adobe Stock