Miradas que se cruzan
Misioneras Seculares Scalabrinianas

Por las calles de la Ciudad de México, donde vivo, millones de personas se cruzan, se rozan, se ignoran. Con pasos rápidos o distraídos, cada una sigue su trayectoria, se dirige a un objetivo y raramente parece notar a los otros.

Sin embargo, es posible pasar por estas calles ocupadas de manera diferente, volviendo al sentido último del caminar humano por los caminos del mundo y encontrar la mirada misericordiosa de Dios, que es amor, que es relación. El Padre está en constante comunión con el Hijo y, en Él, con nosotros. Cada persona, de hecho, es acogida en esta totalidad de relación.

Las calles de esta megalópolis, las calles del mundo están llenas de personas aisladas, personas solitarias, que piden una mirada, una relación de reciprocidad. Es la mirada perdida de estas soledades que parece interrogar a quien pasa al lado y sigue adelante.

La atención a los más necesitados puede salvar nuestra vida, liberándola de las prisiones en las que nos defendemos del encuentro con Dios y del encuentro con los demás. En el fondo, nos revelan a nosotros mismos y despiertan la vida a su sentido último, a su plenitud, que es amor.

Miles de miradas se cruzan sin verse, en la prisa, en la indiferencia, en el miedo. Y, sin embargo, mientras estamos inmersos en esta frenética carrera, el amor misericordioso de Dios nos alcanza justo allí, cuando, en un momento de distracción, indefensos, los ojos de un pobre llegan a nuestro corazón. Si tenemos la valentía de soportarlo, de detenernos y dejar que esa mirada nos penetre profundamente, podremos reconocernos en aquella pobreza que clama; podremos encontrarnos reflejados, toda nuestra vida, llamados a su verdadera sed de comunión.

Una nueva sonrisa a la vida puede entonces nacer dentro de nosotros: una sonrisa que se transforma en esperanza, amor activo y concreto por el otro, que ahora forma parte de nosotros y es responsable de nuestra apertura a la fraternidad. Él, solo, dependiente, sediento y hambriento de relaciones; él, rostro de Cristo, que nos interpela.

Al proclamar: 'Vayan por el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura' (Mc 16,15), Jesús nos llama a ser misioneros de esperanza y de su buena nueva, siendo presencia viva de su gracia y misericordia en el mundo

Al proclamar: ‘Vayan por el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura’ (Mc 16,15),
Jesús nos llama a ser misioneros de esperanza y de su buena nueva, siendo presencia viva de su gracia
y misericordia en el mundo

Somos enviados al mundo para hacer que los rostros más duros, heridos por nuestras injusticias, sean hermosos y amables, para que juntos podamos abrirnos a la relación, ser compañeros de Dios.

Estamos invitados a dejar un espacio en nuestro corazón y en nuestra vida, para que las personas que encontramos, las miradas que cruzamos con su dolor, no se conviertan en olvido, sino que seamos presencias transformadoras: en nosotros y en el mundo. Vivir en la presencia del dolor del mundo: esto nos es pedido, para que la resurrección pueda penetrar y transformar todo con Su nueva vida.

Giuliana Fusi, MSS

Fotos: Misioneras Seculares Scalabrinianas

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