Yahvé, el Dios del camino
Estudios

Yahvé se revela como el Dios del éxodo, del desierto, del exilio y de la diáspora. En una palabra, el Dios del camino. En su experiencia fundacional, el pueblo de Israel, con ocasión de la liberación de Egipto, hace el descubrimiento de este atributo inusitado de la divinidad. Experiencia profundamente religiosa, la cual, tanto desde el punto de vista teológico como espiritual, acompañó la salida de la esclavitud y la travesía hacia la Tierra Prometida. El Señor que emerge de semejante espiritualidad nace y se consolida con esta experiencia que pavimenta los fundamentos de la nueva nación, basada en la promesa de “una tierra donde corre leche y miel”, así como de una descendencia “numerosa como las estrellas del cielo o las arenas de la playa”. Será suficiente una mirada a lo que los estudiosos bíblicos denominan “credo histórico de Israel”: Éxodo, 3,7-10, en la versión primordial y menos elaborada, o Deuteronomio 26,5-10, en la versión ritualizada para las celebraciones.

En ambos casos esta experiencia fundante, vívida e iluminadora, desvela para el pueblo de Israel la concepción de un Dios que “ve la miseria y la aflicción del pueblo esclavo en Egipto”, que “escucha su clamor a causa de los opresores” y que “conoce su sufrimiento”. Son tres verbos: ver, escuchar y conocer; que colocados en la primera persona del singular y en la perspectiva del Señor, revelan un Dios compasivo, sensible, solidario y misericordioso para la precaria condición del pueblo esclavo y vulnerable en las tierras de Egipto. Dios atento a la situación de los más amenazados, esclavos y excluidos, marginados y vulnerables. A diferencia de los dioses establecidos en los imperios vecinos, Yahvé camina con su pueblo. Se trata del Dios que, lejos de los tronos, de los palacios, de los ejércitos y de los templos, instala su tienda junto al pueblo caminante.

A los tres verbos antes mencionados, que revelan infinita atención, sensibilidad y solidaridad divina, junto a la colaboración humana, siguen, sin embargo, otros dos verbos: bajar y enviar. Es decir, en la experiencia y en la religiosidad del pueblo que lucha y huye de las garras del faraón, Yahvé se revela como el Dios que “no se apega celosamente a su condición divina, sino que se vacía a sí mismo y asume la condición de siervo, tomando la semejanza humana”, como escribirá san Pablo en el himno de la carta a los filipenses (Flp 2, 6-11). Estamos ante un Dios que abandona el trono y se pone en camino. Marcha por los caminos del éxodo y del desierto, camina como su pueblo migrante. Tanto que el arca del Señor acampa en una tienda, como las demás personas y familias, al mismo tiempo huyendo de la opresión y buscando una tierra de abundancia y fraternidad.

Como discípulos, somos invitados a ser presencia transformadora, ofreciendo esperanza y cuidado a los que están en fuga

Como discípulos, somos invitados a ser presencia transformadora,
ofreciendo esperanza y cuidado a los que están en fuga

Desde un punto de vista teológico-pastoral, este descenso y esta bajada del cielo a la tierra, por parte de Dios, se realizarán plenamente a través del Misterio de la Encarnación, ocasión en que Jesús nacerá durante un viaje, dentro de una gruta, porque “no había lugar para ellos en la casa” (Lc 2, 7). Posteriormente, siendo aún niño, tendrá que emigrar a Egipto con María y José, para volver de nuevo a Galilea. El Hijo, revelación visible del Padre invisible, por los caminos, se pone al servicio de los pobres y marginados. Se revela, se esta manera, el Mesías tan larga y ansiosamente esperado. A diferencia de los dioses lejanos, arrogantes y prepotentes de las antiguas ciudades Estados, Yahvé se mueve en la dinámica viva de la trayectoria humana. No vive en el Olimpo, en los templos de oro y plata o en las alturas del cielo, sino en los embates y desafíos de la propia historia.

Por eso, el Dios del camino se enfrentará al dios de los palacios, de los ejércitos, del trono y del templo, el dios establecido de los imperios vecinos, tales como Egipto, Asiria, Babilonia, y más tarde, Grecia, Persia y Roma. El mismo Israel, sin embargo, siguiendo el ejemplo de sus vecinos poderosos, pide un rey y un reinado. Pero en esta época de los reinos de Israel y Judá, el mismo Dios, a través de los profetas, también se enfrentará contra la construcción del templo y contra la instalación de este símbolo de riqueza, poder y explotación. No podemos olvidar que la institución del templo seguirá como centro religioso, político y económico de Israel hasta la venida de Jesús de Nazaret, el cual también enfrentará a las autoridades del tiempo y expulsará de él a los vendedores “que hacen de la casa de mi Padre una guarida de ladrones” (Mc 11, 15-19).

En el resumen de las actividades de Jesús, según los biblistas, el evangelista Mateo escribe que “Jesús recorrió todas las ciudades y pueblos enseñando en sus sinagogas y predicando el Evangelio del Reino, mientras curaba toda clase de enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión de ella, porque estaba cansada y abatida, como ovejas sin pastor” (Mt 9, 35-38). Dos registros expresivos: el verbo recorrer, de un lado, y el sentimiento de compasión, del otro. Una vez más, Jesús se revela como el Dios del camino, compadecido con “la multitud cansada y abatida”. ¡Cómo no recordar a los millones de migrantes y refugiados que, inseguros, solos e inciertos, vagan por los caminos del mundo!

Ahora, te invitamos a una breve reflexión:

¿De qué manera la imagen de Yahvé como Dios que camina con su pueblo nos invita a mirar a los migrantes y refugiados de hoy con compasión y solidaridad?

¿De qué modo la idea del ‘Dios del camino’, que está en la experiencia del éxodo y en la vida de Jesús, desafía nuestra comprensión de la fe como práctica de presencia y servicio a los marginados?

Al comprender que Dios se hace presente en el camino y en la vulnerabilidad humana, ¿cómo podemos convertirnos en instrumentos de su misericordia y agentes de esperanza en la vida de aquellos que enfrentan desplazamientos y situaciones de exclusión?

P. Alfredo J. Gonçalves, CS

Fotos: Adobe Stock

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