Me hice todo para todos
Laicos y voluntarios scalabrinianos

Mi nombre es Lúcia Bamberg, casada, madre de dos hijos y abuela de tres nietos. Desde 2004 hago parte del Movimiento Laico Scalabriniano (MLS), una llamada que ha transformado profundamente mi vida y mi forma de vivir el Evangelio junto a los migrantes.

Todo comenzó cuando me mudé al barrio Umbará, en Curitiba, Paraná, y comencé a participar de las misas en la Capilla Nuestra Señora de la Victoria, perteneciente a la Parroquia San Pedro. Hablando con seminaristas que hacían pastoral en la comunidad, escuché por primera vez el nombre de San Juan Bautista Scalabrini. Me llamó la atención su historia y el carisma a servicio de los migrantes.

Busqué en Internet, encontré un e-mail y escribí. Recibí una respuesta de Roma, de la Hna. Neusa de Fátima Mariano (MSCS). Ella me informó que en Curitiba había sacerdotes, hermanas y los Laicos Misioneros Scalabrinianos (LMS). Por ser laica, me identifiqué de inmediato. Recibí el contacto de la coordinadora Fátima Viccari, del Núcleo San Carlos Borromeo, y asistí al mes siguiente a mi primera reunión con los laicos scalabrinianos, en el Colegio San Carlos Borromeo, en el barrio Jardín de las Américas.

Fueron cuatro años intensos, de aprendizaje y convivencia fraterna. Este período fortaleció en mí el carisma scalabriniano y despertó el deseo de actuar junto a los migrantes. Durante esta trayectoria, conocí la Pastoral del Migrante de la Arquidiócesis de Curitiba y otros laicos del movimiento. Cada encuentro, cada experiencia, hacía crecer aún más mi amor por la causa migratoria.

Con el tiempo, fui invitada a integrar el Movimiento Laico Scalabriniano ligado a los padres misioneros scalabrinianos, lo que me permitió participar en congresos, retiros y formaciones que profundizaron mi espiritualidad y la comprensión del legado de Scalabrini.

En la Parroquia San Pedro, el compromiso pastoral se amplió. Empecé a movilizar a la gente en acciones dirigidas a los migrantes, especialmente en Vila Osternack, barrio vecino, que recibía muchos migrantes internos. Con voluntarios y socios, promovemos misas campales en el día del entonces Beato Scalabrini, campañas de atención a migrantes, visitas a familias recién llegadas, semanas del migrante, círculos bíblicos y charlas. Cada acción era un testimonio concreto del carisma vivido en comunidad.

Con la llegada de haitianos a Curitiba, inicié el trabajo voluntario en el Centro de Atención al Migrante (CEAMIG), en Santa Felicidade. Fue un tiempo de aprendizaje y desafíos. En cada encuentro con los migrantes, percibía cómo la vida y el testimonio de Scalabrini seguían inspirando y dando sentido a la misión.

“(...) pueden, aunque sean laicos, ejercer en el pequeño mundo que les rodea el apostolado de la palabra.” - San Juan Bautista Scalabrini

“(…) pueden, aunque sean laicos, ejercer en el pequeño mundo que les rodea el apostolado de la palabra.”
San Juan Bautista Scalabrini

En 2019, ante el creciente flujo de migrantes venezolanos, sentí que era hora de dar un paso más. Con el apoyo del P. Carlos Cigolini y del Servicio Pastoral de los Migrantes (SPM), iniciamos un proyecto de acogida a familias venezolanas, una respuesta concreta a las nuevas realidades migratorias del país.

Durante el Año Scalabriniano, hemos promovido novenas y encuentros que han fortalecido el vínculo de la comunidad con el carisma. Con el estímulo y apoyo espiritual del P. Sestilio Bortolo Focchesatto, nació un nuevo núcleo de laicos scalabrinianos en la parroquia de San Pedro. Las reuniones mensuales y las actividades con migrantes y feligreses hicieron que el carisma ganara visibilidad y vida dentro de la parroquia.

En febrero de 2021, un sueño se hizo realidad: inauguramos la Casa del Migrante Scalabrini, un espacio de acogida y atención a migrantes de diversas nacionalidades. Hoy, cuatro años después, la Casa sigue activa, sostenida por voluntarios y socios, con las puertas y el corazón siempre abiertos para quien llega en busca de apoyo y esperanza.

Scalabrini nunca olvidó integrar el elemento laico en sus iniciativas, invitando a los fieles al cumplimiento de los deberes que derivan de su bautismo

Scalabrini nunca olvidó integrar el elemento laico en sus iniciativas, invitando a los fieles al cumplimiento de los deberes que derivan de su bautismo

Miro hacia atrás y reconozco la mano de Dios en cada paso del camino. Siento que San Juan Bautista Scalabrini intercede continuamente por nosotros, y su carisma, que tocó mi corazón desde el primer contacto, permanece vivo y pulsante en mi vida.

Son veinte años de una hermosa historia de fe, amistad y servicio, movida por el deseo de llevar el amor de Cristo a los migrantes. Y es por lo que dejo aquí una invitación: a ti, laico o laica, ven a conocer y ser parte de este movimiento que está presente en tantos países. Ser laico scalabriniano es ser presencia, es ser puente, es ser expresión viva del Evangelio junto a aquellos que dejan su tierra en busca de una nueva vida.

Lúcia Bamberg

Fotos: Archivo personal

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