Escucha este contenido
Cuando los Misioneros Scalabrinianos llegaron a África en 1994, no podían imaginar cuánto marcaría esta tierra el camino de la Congregación. Durante más de treinta años han compartido las dificultades y las esperanzas de miles de migrantes, refugiados y marinos, acompañándolos en la búsqueda de una vida más segura y digna.
La presencia Scalabriniana en el continente nació a raíz de la solicitud del arzobispo de Ciudad del Cabo, Mons. Lawrence Henry, quien confió a la Congregación la tarea de asistir a la comunidad italiana local. En una Sudáfrica que salía del apartheid y se preparaba para una nueva etapa democrática, aquella misión se encontró rápidamente con una realidad más amplia, marcada por los movimientos migratorios que atravesaban África austral. Así surgieron obras que todavía hoy constituyen una referencia concreta para miles de personas: la atención pastoral en las parroquias Holy Cross y St. Agnes y en las capellanías de lengua italiana, portuguesa y francesa; el ministerio Stella Maris al servicio de marinos y pescadores; el Scalabrini Centre de Ciudad del Cabo, comprometido con procesos de integración e inclusión social; la Lawrence House, dedicada a la acogida de los menores más vulnerables; y la comunidad de Johannesburgo, abierta en 2011 para responder a los desafíos de la movilidad humana en una de las principales metrópolis del país.
Un capítulo importante de este camino fue Mozambique, donde, entre 2005 y 2022, los misioneros trabajaron en el campo de refugiados de Maratane, en la región de Nampula, impulsando programas de nutrición infantil, educación y formación. Con la progresiva superación de la fase de emergencia, la presencia de la Congregación concluyó, dejando a la Iglesia local y a otras organizaciones laicas la tarea de continuar el trabajo desarrollado durante esos años.
El Superior General de los Misioneros Scalabrinianos, P. Leonir Chiarello, durante su visita canónica a Uganda
En 2022 se abrió una nueva misión en Uganda, fruto de un diálogo constante con las instituciones y con la Iglesia local. Situado en el cruce de las rutas migratorias de África oriental, el país acoge a personas procedentes de Sudán del Sur, la República Democrática del Congo, Ruanda y otras regiones marcadas por conflictos e inestabilidad. Allí los misioneros promueven iniciativas de acompañamiento pastoral, apoyo a las comunidades y acceso a servicios esenciales. Entre ellas se encuentran un centro de formación para el trabajo, una capilla y la construcción de nuevos pozos para garantizar el acceso al agua potable, una necesidad fundamental para miles de familias.
Nuestra atención se dirige especialmente a las personas que viven situaciones de mayor vulnerabilidad. En nuestras misiones, muchas mujeres cargan con las heridas de la violencia, los abusos y la explotación sufridos durante su trayectoria migratoria, mientras numerosos jóvenes crecen en contextos de incertidumbre y marginación. En Sudáfrica, por ejemplo, no faltan casos de menores sin documentación que corren el riesgo de convertirse en apátridas, sin reconocimiento jurídico y sin un lugar que puedan sentir verdaderamente como hogar. Acompañar a estas personas significa no solo defender sus derechos, sino también ayudarlas a redescubrir su dignidad, sus talentos y su lugar en el mundo.
Además de atender las necesidades sociales, la Congregación promueve el acompañamiento pastoral y el fortalecimiento de las comunidades locales en Uganda
La experiencia acumulada en Sudáfrica, Mozambique y Uganda ha demostrado que la movilidad humana exige respuestas capaces de ir más allá de la urgencia del momento. Las migraciones, en efecto, no crean problemas nuevos, sino que a menudo ponen de manifiesto con mayor claridad las fragilidades ya presentes en las sociedades: las desigualdades, la pobreza, la falta de oportunidades, la debilidad de los sistemas de protección social y las tensiones vinculadas al acceso a los recursos.
En este contexto, la misión de la Iglesia es construir comunidades abiertas al encuentro y al diálogo, capaces de superar temores infundados y prejuicios.
Por ello, la Congregación continúa invirtiendo en la investigación y la formación a través del SIHMA – Scalabrini Institute for Human Mobility in Africa, dirigido por el P. Filippo Ferraro. Comprender los fenómenos migratorios, formar agentes pastorales y favorecer el diálogo con las instituciones eclesiales y civiles forma parte integral del carisma scalabriniano.
El Scalabrini Centre, en Uganda, ofrece acompañamiento pastoral, capacitación y apoyo a migrantes y refugiados que buscan reconstruir sus vidas
Después de más de treinta años de presencia en África, el sentimiento que prevalece es el de la gratitud: gratitud por los misioneros que abrieron nuevos caminos, por los laicos que comparten el carisma scalabriniano, por las Iglesias locales que nos han acogido y, sobre todo, por los migrantes, que continúan enseñándonos el significado de la esperanza.
Mirando hacia el futuro, la Congregación desea seguir fortaleciendo su presencia en África. En sintonía con el Proyecto Misionero del XVI Capítulo General, pronto se abrirán nuevas misiones en Angola y en la República Democrática del Congo. Aunque marcada por conflictos, desigualdades y explotación de sus recursos, esta tierra continúa expresando una extraordinaria vitalidad humana, cultural y espiritual que representa una esperanza para la Iglesia y para el mundo entero. Con el mismo espíritu que animó a San Juan Bautista Scalabrini, los misioneros continúan hoy “haciéndose migrantes con los migrantes”, llevando el Evangelio de la acogida a las fronteras de la movilidad humana y a las periferias existenciales de nuestro tiempo.
Desde hace más de tres décadas, la Congregación trabaja en el continente acompañando a migrantes, refugiados y poblaciones en situación de vulnerabilidad
Superior General de la Congregación de los Misioneros de San Carlos – Scalabrinianos.
Fotos: Archivo General de la Congregación Scalabriniana.