Rostros humanos, más allá de los algoritmos
El Papa
Rostros humanos, más allá de los algoritmos
El Papa

“Eran migrantes”. 

Con esas dos palabras, San Juan Bautista Scalabrini inauguraba, en 1887, una de las reflexiones más profundas y proféticas de la historia de la Iglesia sobre la movilidad humana. Al describir a cientos de italianos reunidos en la estación de Milán, a punto de partir rumbo a las Américas, el obispo de Piacenza no veía multitudes anónimas ni estadísticas económicas. Veía rostros marcados por el sufrimiento, familias separadas por la pobreza, hombres y mujeres impulsados por la búsqueda de una vida más digna.  

Más de un siglo después, el escenario ha cambiado. Los barcos fueron sustituidos por aviones, las cartas por aplicaciones de mensajería, los registros en papel por bases de datos digitales. Sin embargo, la pregunta fundamental permanece la misma: ¿somos capaces de reconocer a la persona humana detrás de los flujos migratorios? 

Esta cuestión es abordada por la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, publicada por el Papa León XIV en junio de 2026, que propone una reflexión sobre el lugar de la humanidad en una era marcada por las transformaciones tecnológicas. Al inicio del documento, el Santo Padre afirma que la humanidad se encuentra ante una elección decisiva: “levantar una nueva torre de Babel o construir la ciudad donde Dios y la humanidad habitan juntos”. La imagen bíblica no podría ser más actual. Nunca hemos estado tan conectados y, paradójicamente, tan expuestos al riesgo de la incomprensión, de la fragmentación y de la indiferencia.

La experiencia migratoria contemporánea también se desarrolla en el entorno digital. Para millones de personas desplazadas por guerras, persecuciones, crisis económicas o desastres ambientales, el teléfono celular se ha convertido en un instrumento de supervivencia. A través de él, obtienen información sobre rutas, acceden a servicios públicos, mantienen contacto con familiares y buscan oportunidades de trabajo. En ese contexto, la inteligencia artificial ofrece posibilidades inéditas. Sistemas de traducción automática reducen barreras lingüísticas; plataformas digitales facilitan el acceso a información jurídica y humanitaria; herramientas inteligentes ayudan a organizaciones sociales y pastorales a identificar necesidades y ampliar redes de atención. 

Sin embargo, la misma tecnología que acerca puede excluir. Los algoritmos entrenados a partir de prejuicios presentes en la sociedad tienden a reproducir discriminaciones. Narrativas xenófobas encuentran rápida difusión en las redes sociales. Noticias falsas alimentan miedos colectivos y fortalecen discursos de rechazo contra migrantes y refugiados. En lugar de promover el encuentro, la comunicación digital puede transformarse en un espacio de hostilidad e invisibilidad. 

Algoritmos e pessoas em reflexão sobre ética, comunicação e dignidade humana na era digital.

Estación de Milán, en Italia, 1887, en el siglo XIX

Es precisamente sobre ese riesgo que el Papa León llama la atención al reflexionar sobre la relación entre verdad, comunicación y tecnología. En Magnifica Humanitas, el Papa recuerda que la verdad no es solo un valor individual, sino un bien común indispensable para la vida social. Sin compromiso con la verdad (y aquí cabe enfatizar la fidelidad con la Verdad de Juan 14,6), la comunicación deja de ser puente y pasa a ser instrumento de manipulación. El entorno digital, afirma el Sumo Pontífice, necesita una verdadera “ecología de la comunicación”, capaz de proteger la dignidad humana y favorecer relaciones auténticas.

Al reflexionar sobre los italianos que partían hacia tierras desconocidas, San Juan Bautista Scalabrini manifestaba inquietud no solo por la falta del pan material, sino también por la ausencia del “pan del alma”. Su temor era que hombres y mujeres, aunque encontraran trabajo y sustento, fueran privados de la fe, de la comunidad y de los vínculos humanos que sostienen la existencia. La observación sigue siendo actual. La abundancia de información no elimina necesariamente la soledad, el desarraigo o la exclusión. 

Algoritmos e pessoas em reflexão sobre ética, comunicação e dignidade humana na era digital.

Según una investigación de la International Data Corporation, América Latina deberá movilizar US$ 10 mil millones en gastos en inteligencia artificial en 2026

Otro aspecto notable del carisma asumido por el fundador de la Congregación de los Misioneros de San Carlos – Scalabrinianos es su insistencia en ver personas donde muchos ven números. Scalabrini se negaba a reducir la movilidad humana a estadísticas o intereses económicos. Hoy, ante la expansión de la inteligencia artificial, el desafío adquiere nuevas formas. Migrantes y refugiados son frecuentemente transformados en datos, categorías o perfiles analizados por sistemas automatizados. Aunque estos instrumentos puedan favorecer políticas públicas más eficientes, siempre existe el riesgo de oscurecer aquello que es esencial: la singularidad de cada vida humana.

Por ello, la comunicación tiene una responsabilidad decisiva. A este respecto, la Instrucción Pastoral Communio et Progressio, publicada en 1971, ya afirmaba que la comunicación social encuentra su razón más profunda en la promoción de la comunión entre las personas y en el progreso de la convivencia humana. Para la Iglesia, comunicar no significa solo transmitir información, sino favorecer el diálogo, la participación y el encuentro, fortaleciendo los vínculos que unen a individuos, pueblos y culturas. La cultura digital puede convertirse en un poderoso espacio de evangelización, pero también de acogida, promoción, protección e integración cuando está orientada por los valores del Evangelio. Los testimonios de superación, iniciativas de solidaridad y experiencias de interculturalidad tienen el potencial de combatir prejuicios y construir puentes entre pueblos y culturas.

“No es posible dar una definición unívoca y completa de la IA. Lo que podemos afirmar es que se evite equiparar esta ‘inteligencia’ a la humana.” (MH, 99)

En ese horizonte, la inteligencia artificial no debe ser comprendida como una amenaza inevitable ni como una solución mágica para los problemas contemporáneos. Como recuerda la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, la tecnología es un instrumento cuya orientación moral depende de las decisiones humanas. El progreso será auténtico solo cuando esté subordinado al bien común, a la justicia y a la promoción integral de la persona.

Entre los migrantes observados por Scalabrini en la estación de Milán y aquellos que hoy atraviesan fronteras acompañados por mapas digitales, traductores automáticos y algoritmos, el mundo ha cambiado profundamente. Sin embargo, permanece inalterada la exigencia fundamental de la fe cristiana: reconocer en cada persona un hijo de Dios, un hermano o una hermana. Ante las posibilidades abiertas por la inteligencia artificial, la pregunta decisiva no es solo lo que las máquinas serán capaces de hacer, sino qué humanidad deseamos construir a través de ellas. Si Babel simboliza la dispersión provocada por la incapacidad de comprender al otro, la tradición cristiana ofrece una imagen opuesta: la de la casa común, donde pueblos, lenguas y culturas diferentes encuentran un espacio de convivencia y comunión. En ese sentido, Roma permanece como un símbolo elocuente. Durante siglos, se repitió el proverbio de que “todos los caminos llevan a Roma”, expresión que evocaba no solo la convergencia de caminos, sino también la posibilidad de encuentro entre diferentes pueblos. El desafío de la era digital es similar: lograr que los innumerables caminos tecnológicos que hoy conectan el planeta no conduzcan a la fragmentación y al aislamiento, sino a una nueva experiencia de fraternidad humana. Solo así la tecnología podrá servir a la construcción de una verdadera casa común, donde la diversidad no sea motivo de división, sino riqueza compartida.

Al afirmar que la Revelación Divina, la historia y la ciencia son fuentes para comprender las migraciones, San Juan Bautista Scalabrini propone una visión integral de la movilidad

Foto de Vitor Azevedo

Vitor Azevedo

Periodista del Departamento Regional de Comunicación
de la Región Nuestra Señora Madre de los Migrantes.

Fotos: Agencia Brasil, Adobe Stock y Archivo General de la Congregación Scalabriniana.

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