Entre dos mundos
Laicos y Voluntarios Scalabrinianos
Entre dos mundos
Laicos y Voluntarios Scalabrinianos

Mi nombre es Gloria Painemilla Pichuñual. Soy chilena y vivo en Florianópolis desde hace cinco años. Actualmente, soy voluntaria en la Oficina Scalabrini de Atención al Migrante (ESAM), donde colaboro en el sector de documentación. A lo largo de este tiempo, he llegado a comprender aún más profundamente los desafíos que acompañan la experiencia migratoria y la importancia de la acogida para quienes necesitan reconstruir su vida lejos de su país de origen.

Muchas personas aún no comprenden plenamente lo que significa migrar. Con frecuencia, la migración se ve solo como un cambio geográfico, pero implica mucho más que eso. Cuando una persona deja su país, se lleva consigo historias, afectos, sueños y proyectos. Al mismo tiempo, deja atrás a familiares, amistades, referencias culturales y espacios que le brindaban seguridad y un sentido de pertenencia. Lo que encuentra al otro lado es una nueva realidad, llena de posibilidades, pero también de desafíos.

En mi caso, la principal motivación para migrar fue el amor. Fue en Brasil donde formé mi familia junto a mi esposa y llevé a cabo el sueño de ser madre. Poco a poco, Florianópolis se convirtió en más que un lugar de residencia; se convirtió en un espacio donde pude crear vínculos, desarrollar proyectos y construir una nueva etapa de mi vida. También descubrí aspectos de la cultura brasileña que me encantaron desde el principio: la cercanía con la naturaleza, las playas, la música, el arte y la diversidad cultural.

A pesar de eso, la adaptación no fue fácil. El idioma fue una de las primeras barreras que tuve que enfrentar. Con el tiempo, empecé a entender mejor el portugués, pero hablar con seguridad me exigió un esfuerzo mucho mayor. Aprender un nuevo idioma no solo significa memorizar palabras y reglas gramaticales. Significa encontrar formas de expresar sentimientos, opiniones y experiencias en un contexto completamente diferente al que uno está acostumbrado.

La experiencia de quienes han vivido los desafíos de la migración se convierte en un instrumento para escuchar, orientar y cuidar a quienes llegan en busca de un nuevo comienzo

Durante ese proceso, me di cuenta de cómo el sentimiento de pertenencia puede volverse frágil. Hay momentos en los que nos sentimos entre dos mundos: ya no estamos totalmente integrados en el país que dejamos atrás, pero aún buscamos nuestro lugar en la sociedad que nos acoge. Surgen nuevas inseguridades, nuevas preocupaciones y el desafío constante de construir relaciones sociales y redes de apoyo.

Conocí la Misión Scalabrini a través de los cursos de portugués que se ofrecen a los migrantes en el Instituto Estatal de Santa Catarina. Asistí a los niveles intermedio y avanzado y, además de aprender el idioma, encontré un espacio para convivir con personas que compartían experiencias similares a las mías. La mayoría de los estudiantes entendía el portugués, pero pocos se sentían seguros para hablarlo o escribirlo. En esos encuentros, nos dábamos cuenta de que nuestras dificultades no eran individuales, sino parte de un proceso común a muchos migrantes.

Las visitas de la pastoral representaban momentos importantes de acogida. Más que ofrecer información o servicios, demostraban un interés genuino por nuestras historias. Para quienes están lejos de su tierra, sentirse vistos y recordados marca una gran diferencia. Fue también a través de ese contacto que recibí la invitación para conocer más de cerca el trabajo que realiza la Misión Scalabrini.

Mi formación es en Derecho y, antes de llegar a Brasil, trabajé durante cinco años en el Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile, organismo responsable de la promoción y protección de los derechos humanos. Por eso, cuando surgió la oportunidad de colaborar como voluntaria, sentí que podría poner mi experiencia al servicio de otras personas. Acepté la invitación y fui recibida con respeto y generosidad desde el primer momento.

Hoy, en el ESAM, busco apoyar a personas que enfrentan desafíos similares a los que yo viví cuando llegué a Brasil. Creo que recibir atención de alguien que comprenda la experiencia migratoria y pueda comunicarse en su lengua materna brinda más tranquilidad y seguridad en un momento que suele estar marcado por dudas e inseguridades.

Minha trajetória me ensinou que a migração envolve muito mais do que deslocamentos geográficos. Trata-se de um processo de reconstrução da vida, da identidade e dos vínculos humanos. Por isso, independentemente da origem, da língua ou da cultura, toda pessoa merece ser recebida com dignidade, respeito e oportunidades reais de integração.

Mi trayectoria me enseñó que la migración implica mucho más que simples desplazamientos geográficos. Se trata de un proceso de reconstrucción de la vida, la identidad y los vínculos humanos. Por eso, independientemente del origen, el idioma o la cultura, toda persona merece ser recibida con dignidad, respeto y oportunidades reales de integración.

Foto de Gloria Painemilla Pichuñual

Gloria Painemilla Pichuñual

Voluntaria chilena en la Oficina Scalabrini de Atención al Migrante (ESAM)

Fotos: Misión Scalabrini.

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