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La acogida marca la diferencia. Ante las innumerables y abrumadoras realidades de nuestro mundo, da la sensación de que no hay nada que hacer. ¿Qué puede marcar la diferencia? “Una generación se va, otra viene, pero la tierra permanece para siempre. El sol sale, el sol se pone, y se apresura a regresar a su lugar, y es allí donde vuelve a salir. Lo que fue, será; lo que se hizo, se volverá a hacer: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!” (Eclesiastés 1,4-5.9). Todo parece repetirse, sin que ocurra nada nuevo. La vida sigue su ritmo y todo parece vaciarse si no hay un propósito mayor.
La movilidad humana se ha convertido en una de las características más significativas del mundo contemporáneo. Según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), hay 83 millones de personas que viven en situación de desplazamiento en todo el mundo. Los migrantes están por todas partes. La movilidad humana no es solo una cuestión estadística o política. Detrás de cada migrante, refugiado o desplazado hay una persona, una familia, una historia. El Papa Francisco ha alertado sobre la tendencia a la “globalización de la indiferencia” y a la “cultura del descarte”. “En este contexto, los migrantes, los refugiados, los desplazados y las víctimas de la trata de personas se presentan como los sujetos emblemáticos de la exclusión, porque, además de las dificultades inherentes a su condición, a menudo terminan siendo objeto de juicios negativos que los consideran la causa de los males sociales” (Papa Francisco, Mensaje para el Día Mundial del Migrante y del Refugiado, 2019).
Ante esta realidad, surge una pregunta fundamental para las sociedades, las comunidades cristianas y las personas: ¿cómo acoger a quienes llegan? La presencia de los migrantes, como decía el Papa Francisco “(…) constituye, hoy en día, una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de atenuarse en un estilo de vida lleno de comodidades” (ídem). La acogida es lo que marca la diferencia. Es una actitud humana y cristiana profundamente transformadora, tanto para quien la practica como para quien la recibe.
El panorama de las migraciones en América Latina interpelan a la caridad cristiana. La visión scalabriniana frente a las migraciones contemporáneas pone de manifiesto que la acogida es mucho más que ofrecer asistencia material. Representa una actitud de apertura, respeto y reconocimiento de la dignidad del otro. Acoger significa ver a la persona antes que su condición migratoria, percibiendo en ella a un ser humano portador de valores y potencialidades. Esa fue la postura de acogida de San Juan Bautista Scalabrini en su época, ante el gran éxodo de la migración italiana hacia las Américas. Él veía en ese movimiento de movilidad humana un designio de la Divina Providencia, “porque lleva la luz del Evangelio y de la civilización cristiana»” y porque “eleva los destinos humanos, ampliando el concepto de patria, haciendo del mundo la patria del hombre”.
Cuando una comunidad practica la acogida, genera relaciones humanizadoras. Se derriban los muros. Se abren las puertas. Donde antes había desconfianza, ahora hay encuentro. Donde antes había conflictos, ahora hay convivencia. La acogida marca la diferencia.
La empatía desempeña un papel esencial en este proceso. Ponerse en el lugar del otro permite comprender mejor los miedos y las angustias, los sueños y las esperanzas de quienes se vieron obligados a abandonar su tierra natal. La empatía nos ayuda a superar los juicios precipitados, que tienden a radicalizarse y convertirse en xenofobia. El otro deja de ser un semejante, un prójimo, para convertirse en una amenaza, un enemigo contra el que hay que luchar. Las redes sociales son un entorno ambiguo, que puede contribuir tanto a la proliferación del odio y la xenofobia como a generar empatía y fomentar la cultura del encuentro. “Se trata, pues, de que nosotros, en primer lugar, veamos y ayudemos a los demás a ver en el migrante y en el refugiado (…) a un hermano y a una hermana a quienes hay que acoger, respetar y amar; se trata de una oportunidad que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, de una democracia más plena, de un país más inclusivo, de un mundo más fraterno y de una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio” (Papa Francisco, Mensaje para el Día Mundial del Migrante y del Refugiado, 2014).
En un mundo cada vez más interconectado, la movilidad humana seguirá siendo una realidad presente. La cuestión no es si las personas seguirán migrando, sino si encontrarán manos extendidas para acogerlas. Siempre podemos elegir entre la indiferencia, el aislamiento y la exclusión, u optar por la empatía, la solidaridad y la acogida. La segunda opción no solo transforma la vida de quienes llegan, sino que también humaniza a quienes acogen. ¡La acogida marca la diferencia!
Foto: Arquivo Regional da RNSMM
P. Alexandre De Nardi Biolchi, CS, Superior Regional
P. Evandro Antônio Cavalli, CS, Vicario regional y primer Consejero
P. Alejandro Cifuentes Flores, CS, 2º Consejero
P. Flavio Antonio Lauria, CS, 3º Consejero
P. Luiz Carlos Do Arte, CS, 4º Consejero
P. Camilo Moreira Maforte, CS, 5º Consejero
P. Eduardo Pizzutti, CS, 6º Consejero
P. Eduardo Pizzutti, CS, Economista regional
P. Evandro Antônio Cavalli, CS
P. Adriano Pires, CS
P. Carlos Alberto do Carmo Barbosa, CS
P. José Edivaldo Pereira da Silva, CS
P. Dominikus Ratu, CS
P. Nguyen Van Tien, CS
P. Joel Ferrari, CS
Pe. Evandro Antônio Cavalli, CS
Bruno Zarantonello
Gabriel Pinsetta
Lucas A. Santos
Vitor da Cruz Azevedo
Vitor Azevedo – MTB 0090668/SP
Oscar López Maldonado
Vitor Azevedo
Lucas A. Santos
Bruno Zarantonello
Lucas A. Santos
Arison Lopes
Gloria Painemilla Pichuñual
Ir. Maria do Carmo dos Santos Gonçalves, MSCS
Pe. Alexandre De Nardi Biolchi, CS
Pe. Evandro Antônio Cavalli, CS
Pe. Ildo Griz, CS
Pe. Marcelo Vitor Viana Brás, CS
Pe. Marco Strona, CS
Pe. Leonir Mário Chiarello, CS
Oscar Ruben López Maldonado
Stephannie Monback
Rita Bonassi, MSS
Rose Casagrande, MSS
Vitor Azevedo
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