Una vida dedicada a la Animación Vocacional
Testimonio

En este año Vocacional Scalabriniano, que invita a “Reavivar el don de Dios”, recordamos al querido animador vocacional P. Aldo Bortoncello. En su memoria, honramos también a tantos sacerdotes que dedicaron parte de su vida consagrada a invitar y acompañar a los jóvenes en el seguimiento más íntimo de Jesús.

¿Cómo debería ser un animador vocacional? Según el Pe. Aldo, “el animador vocacional debe saber atraer a los pequeños, dar clases vocacionales, poseer buena adaptación social, ser un buen predicador, gran confesor, psicólogo y, sobre todo, ser un sacerdote scalabriniano santo, maduro y profundamente equilibrado”. Sin duda, eso es lo que el P. Aldo vivió durante su ministerio sacerdotal.

Aldo Bortoncello nació en Guaporé, el 02 de agosto de 1927, en el seno de una familia migrante, de fuerte tradición religiosa. Sus padres, Pedro e Elisa, tuvieron doce hijos, de los cuales dos abrazaron la vida religiosa: Aldo y Joanete. Desde niño, Aldo fue creciendo y alimentando el deseo de servir a Jesús.

Cuando Aldo tenía diez años, los Scalabrinianos, que hasta entonces contaban sólo con religiosos italianos, inauguraron en Guaporé, en 1937, su primer seminario en América del Sur. A partir de ese momento, comenzaron a acoger candidatos hijos de inmigrantes italianos.

A los trece años, Aldo entró en el seminario, integrando uno de los primeros grupos de brasileños que soñaban con seguir los pasos de aquellos misioneros italianos, admirados como héroes de la fe. Después de completar los estudios de la escuela secundaria, fue aceptado para el año de noviciado en Nova Bassano, donde emitió su primera profesión religiosa el 12 de febrero de 1948. Luego, todavía en la misma ciudad, estudió filosofía. Regresó después a su tierra natal, Guaporé, para estudiar teología. Fue ordenado sacerdote en Serafina Corrêa, el 28 de agosto de 1955, por el Mons. Vicente Scherer.

Poco después de su ordenación presbiteral, en 1956, fue destinado a Sarandi, Rio Grande do Sul, para ejercer los oficios de orientador y profesor en la Colegio, además de auxiliar en la Parroquia. Al año siguiente, fue nombrado orientador espiritual del Seminario San Rafael de Casca. Entre 1961 y 1964, asumió las funciones de maestro de novicios y director espiritual en el Seminario San Carlos de Guaporé.

En 1965, recibió la misión de iniciar la animación vocacional en la Provincia San Pedro, convirtiéndose en el primer animador vocacional scalabriniano en América del Sur. En aquel tiempo, las familias eran numerosas, y tener uno o más hijos direccionados a la vida religiosa era motivo de orgullo. Las vocaciones eran abundantes, pero el trabajo vocacional requería sensibilidad, perspicacia y la capacidad de reconocer los signos vocacionales en los niños y adolescentes.

Para hacerse una idea de la intensidad de ese período, recurrimos a los informes del propio P. Aldo, que registró que, en 1965, “de los 83 aspirantes, 63 fueron admitidos para el año de admisión”. Ya en 1967, ingresaron 95 candidatos, cifras que revelan el fervor vocacional de aquellos años.

En este Año Vocacional Scalabriniano, testimonios como el del P. Aldo ayudan a reavivar la llama de la vocación y acompañar el llamado presente en el corazón de los jóvenes.

Aunque había muchos interesados en la vida religiosa, el trabajo vocacional no era simple. Afirma el Pe. Aldo, con su optimismo apasionado: “los sufrimientos fueron pocos en proporción a las alegrías espirituales, vocacionales y apostólicas encontradas en la Mies del Señor”.

Aldo, como pionero, desarrolló sus propios métodos de trabajo en la animación vocacional. Promovió un ambiente vocacional propicio en las familias, escuelas, parroquias y capillas, responsabilizando a padres, educadores y párrocos. Fundó numerosos clubes vocacionales y supo trabajar en equipo, involucrando a otros sacerdotes scalabrinianos y a padres diocesanos, religiosas y laicos, sabiendo que la vocación es don de Dios para la Iglesia. Además de promover las vocaciones para los seminarios scalabrinianos, direccionó a muchos jóvenes a seminarios diocesanos y de otras congregaciones religiosas.

Pe. Aldo dedicó casi quince años de su ministerio a la animación vocacional, actuando con empeño en Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná y en Paraguay, dejando como fruto un significativo aumento del número de vocacionados, así como la apertura de nuevas casas de formación. Defendió la creación de un seminario en Campos Novos, Santa Catarina, del que fue rector entre 1979 y 1981.

Sin perder nunca el entusiasmo por las vocaciones sacerdotales, P. Aldo mantuvo vivo el espíritu de animador vocacional incluso como vicario en las parroquias de Anita Garibaldi y de Guaporé, donde murió a los 56 años, el 1º de enero de 1984, víctima de un ataque al corazón.

Pe. Aldo Bortoncello dejó una valiosa herencia de amor por las vocaciones, la formación y la Congregación Scalabriniana, siendo verdadero padre de la animación vocacional y modelo inspirador, cuya generosa entrega sigue iluminando la vida religiosa.

Oscar Ruben López Maldonado

Fotos: Archivo regional de la RNSMM

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