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“No rechazaré esfuerzos por ser padre de los infelices, preceptor de los ignorantes, rector de los sacerdotes, pastor de todos, para que, habiendo hecho todo por todos, pueda ganar a todos para Cristo” (San Juan Bautista Scalabrini, 1876)
Han pasado 150 años desde la ordenación episcopal de Juan Bautista Scalabrini y estas palabras resuenan aún hoy en nuestros corazones como una invitación a redescubrir las fuentes de una vida dedicada a Dios y a su pueblo, en la fidelidad al Evangelio y en el amor concreto por los más pobres.
Ordenado obispo de Piacenza, en Roma, el 30 de enero de 1876, Scalabrini acogió el ministerio episcopal, como él mismo escribió, “con temor y temblor”, sometiéndose con obediencia al servicio que le fue confiado. Quiso ser consagrado en la capilla del Colegio Urbano de Propaganda Fide, confirmando desde el principio una vocación misionera abierta al mundo. El 13 de febrero de 1876, hizo su entrada en la diócesis de Piacenza, iniciando un episcopado vivido sin reservas, hasta la donación total de sí mismo. La cercanía con su pueblo, una caridad concreta y la atención a la formación han sido los pilares sobre los cuales nuestro Fundador ha anclado su ministerio episcopal y en los que hoy la Congregación sigue inspirándose para vivir la misión que le ha confiado la Iglesia.
En su primera carta pastoral, Scalabrini escribió: “En cuanto a mí, deudor de todos, según mis fuerzas, abrazaré a todos con mi ministerio, haciéndome servidor de todos para el Evangelio y enviado en primer lugar a los pobres y a los más desdichados, que llevan una vida miserable en la desolación. Sufriré con ellos, dedicándome sobre todo a socorrer y evangelizar a los pobres”.
Esta orientación tomó forma concreta en las cinco visitas pastorales a las 365 parroquias de la diócesis de Piacenza. El 04 de noviembre de 1876, día de San Carlos Borromeo, escribió que serían “un gran bien para los diocesanos y, para él, el consuelo más hermoso que un obispo puede sentir: conocer de cerca a todos sus amados hijos y ser conocido por ellos”.
A este trabajo capilar de presencia y escucha se unió un fuerte compromiso de discernimiento y reforma eclesial, que encontró expresión en la celebración de tres sínodos diocesanos (1879, 1893, 1899), momentos decisivos para la vida de la Iglesia de Piacenza, en los que Scalabrini supo conjugar la fidelidad al Evangelio, la atención a los signos de los tiempos y la responsabilidad pastoral.
Su episcopado estuvo marcado sobre todo por una caridad exigente y activa. Durante la carestía de 1879-1880, Scalabrini no dudó en privarse de sus bienes, donando incluso la cruz pectoral recibida del Papa Pío IX, que lo había definido como “Apóstol del Catecismo”. Estaba cerca de los presos, de los enfermos, de los sordomudos, de los recolectores de arroz, de los sacerdotes más ancianos, de los pobres y de los excluidos: un compromiso vivido, como él mismo afirmaba, por deber religioso y por caridad a la patria. Como escribió en 1896, “sacrificarse de todas las maneras para expandir en las almas el Reino de Jesucristo” era la única ambición del Obispo.
Ordenación Presbiteral de los Diáconos João Paulo Buchinger, CS y Douglas Piccolo, CS; Cascavel, Paraná, Brasil – 20/12/2025
Esta mirada universal, capaz de responsabilizarse por todos, ha encontrado una expresión concreta también en nuestra Congregación de los Misioneros de San Carlos. Como obispo, Scalabrini no se limitó a responder a las necesidades inmediatas de su diócesis, sino que supo leer en los fenómenos migratorios un apelo que concernía a toda la Iglesia. La fundación de la Congregación de los Misioneros y de las Misioneras de San Carlos y de la Sociedad San Rafael nace así de un corazón pastoral que no excluye a nadie, de un obispo que se siente responsable por la fe, la dignidad y la vida de quienes han sido obligados a dejar su tierra.
Consciente de que “la santidad del pueblo depende de la santidad de los sacerdotes”, Scalabrini dedicó especial atención también a la formación de los jóvenes sacerdotes en los seminarios. Fundó las Escuelas de la Doctrina Cristiana, creó la revista “Il Catechista Cattolico” y promovió el primer Congreso Catequético Nacional en 1889, convencido de que la instrucción y la educación eran un acto de caridad hacia la Iglesia y una responsabilidad para con el futuro.
Scalabrini es (retomando la expresión que encontramos en el mensaje de la Santa Sede para la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada) una “presencia que permanece” en la memoria, en la profecía, en el testimonio de una fidelidad creativa al carisma y a la misión que hemos heredado de él. Su ministerio episcopal debe ser entendido como una experiencia del Espíritu confiada a la Iglesia: un don recibido, que se ha de guardar, profundizar y desarrollar a lo largo del tiempo, en fidelidad al Evangelio y en la escucha de los signos de los tiempos. Ese mismo espíritu ilumina hoy el significado de la vida consagrada, que la Iglesia celebra cada 02 de febrero. En ese día, nos reunimos para dar gracias por el don de la consagración que caracteriza nuestra identidad carismático-misionera, para redescubrir su significado profundo y renovar la alegría de una vida ofrecida a Dios y a los hermanos.
Leonir Mário Chiarello, CS (Superior General) recibiendo los votos perpetuos del entonces Religioso Marcos Henrique da Silva Nunes, CS el 26 de noviembre de 2022
A la luz de este camino, el 26 de abril, Domingo del Buen Pastor, comenzará oficialmente el Año Vocacional Scalabriniano. Será un tiempo de gracia, ofrecido a toda nuestra familia scalabriniana para volver a lo esencial del llamado recibido. El tema que acompañará este Año vocacional está tomado de la exhortación de San Pablo a Timoteo: “Te invito a reavivar el don de Dios que recibiste” (2 Tm 1, 6).
Como recuerda el Apóstol, la vocación es un fuego que hay que reavivar. “Reavivar”, término que aparece solo aquí en el Nuevo Testamento, puede entenderse como “renovar la vida con fuego” o “dar vida al fuego”: una expresión que remite a la idea de resurrección, no de lo que está apagado, sino de un fuego que ya arde y pide ser defendido.
Es como si Pablo exhortara a Timoteo a reavivar el don que él lleva dentro de sí: el carisma recibido a través de la Iglesia, en la fe transmitida y en el sacramento que consagró su vocación y su misión – en su caso, el sacramento del Orden Sagrado, recibido por la imposición de las manos de Pablo. Así, al recordar el 150 aniversario de su ordenación, Scalabrini nos invita a reavivar el carisma que hemos heredado de él, a renovar la relación con el Donante y dejarnos moldear nuevamente por la llamada que sigue resonando en el tiempo.
Ordenación Presbiteral del Diácono Max Renaud Saint-Louis, CS; São Bernardo do Campo, São Paulo, Brasil
El Año Vocacional será, por lo tanto, una invitación dirigida a cada misionero para que pueda releer su vocación a la luz del Evangelio y de la experiencia de Scalabrini, redescubriendo el fuego original de su vocación. Será un tiempo para guardar con gratitud el don recibido, para renovar el propio “sí” y para cuestionarse sobre la manera como vivimos hoy la misión.
Como ha subrayado el Santo Padre, Papa Francisco, con ocasión de nuestro XVI Capítulo General, el 28 de octubre de 2024, “el carisma scalabriniano está vivo en la Iglesia: de ello dan testimonio muchos jóvenes que, de diversos países del mundo, siguen uniéndose a ustedes. Sean agradecidos al Señor por la vocación que han recibido”.
Invitamos, por lo tanto, a todos los misioneros, comunidades, laicos y aquellos que comparten el carisma scalabriniano a vivir el Año Vocacional como un camino común, hecho de oración, escucha y responsabilidad compartida, para que nuestra vida consagrada sea realmente un signo de esperanza, servicio y donación, especialmente en favor de los migrantes y los más pobres, y así pueda motivar a otras personas a compartir este camino común como laicos o como religiosos y sacerdotes.
Siguiendo el ejemplo de San Juan Bautista Scalabrini, confiamos este tiempo a la Santísima Madre de Dios, seguros de que
Fotos: Archivo regional de la RNSMM