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En cada gesto de acogida, en cada palabra de consuelo y en cada iniciativa de solidaridad existen manos que sostienen silenciosamente tantas misiones y carismas que existen dentro de la Iglesia. Son manos que no siempre aparecen en las estructuras formales, sino que, en el cotidiano de la vida, hacen visible el Evangelio. Estas manos pertenecen en gran parte a los cristianos laicos.
Ser laico en la Iglesia significa ser un cristiano bautizado que vive plenamente su fe en el mundo. No siendo un ministro ordenado o un consagrado a la vida religiosa, el laico participa de la misión de Cristo, a partir de espacios concretos de la existencia: en la familia, en el trabajo, en la comunidad y en la vida social. Por el bautismo, todos participamos de la misma misión evangelizadora de la Iglesia, cada uno según su vocación.
En este horizonte, la vocación laical no se presenta como una acción paralela a la misión de los religiosos y sacerdotes, sino como una extensión de ella. Se trata de una corresponsabilidad que brota de la naturaleza misma de la Iglesia. El misionero consagrado anuncia el Evangelio y organiza la presencia pastoral, pero la presencia del laicado permite que el carisma ultrapase los límites institucionales y llegue a lugares donde muchas veces el sacerdote o el religioso no puede llegar.
Fue precisamente esta percepción la que inspiró el ministerio pastoral de San Juan Bautista Scalabrini. Al final del siglo XIX, al contemplar la multitud de italianos que abandonaban su tierra natal en busca de supervivencia en las Américas, comprendió que la migración no era solo un fenómeno social, sino también una llamada de Dios a la Iglesia.
5º Encuentro Regional del Movimiento Laico Scalabriniano, realizado en mayo de 2025, en Merlo, Argentina
Scalabrini vio en aquel drama humano una oportunidad misionera. Envió a sacerdotes para acompañar a los migrantes en sus travesías y fundó congregaciones religiosas dedicadas a esa misión. Pero también comprendió algo esencial: la misión junto a los migrantes no podía ser realizada solo por el clero. Era necesario involucrar al laicado.
Por eso, organizó asociaciones de laicos que colaborarían directamente en la acogida e integración de los migrantes en los lugares de llegada. Para él, el apostolado laico era indispensable para que la Iglesia estuviera presente en los diversos ambientes de la sociedad. En una de sus reflexiones, Scalabrini afirmaba con claridad: “También el laicado tiene su apostolado, su misión apostólica. El laico puede encontrarse allí donde el sacerdote no puede ir.”
Esta visión sigue siendo profundamente actual. En el siglo XXI, las migraciones asumen nuevas formas e intensidades. Millones de personas cruzan fronteras y mares en busca de dignidad, seguridad y esperanza. En medio de este escenario, la misión de la Iglesia exige una presencia amplia, capaz de llegar a los lugares donde la vida acontece y se construye.
“El laico no puede sustituir al pastor en lo que le compete por vocación, el pastor tampoco puede sustituir al laico en lo que le es propio vocacionalmente” (Documento 105 de la CNBB).
Es precisamente en este contexto que el protagonismo de los Laicos Scalabrinianos cobra fuerza. Inspirados por el carisma adoptado por San Juan Bautista Scalabrini, asumen la misión de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes, refugiados y marítimos en diferentes realidades. La presencia misionera del laico tiene lugar en múltiples espacios: en la familia, en el ambiente de trabajo, en las redes sociales, en los servicios sociales, la comunicación, en la política y en la vida comunitaria. Allí, donde se construyen relaciones humanas y decisiones sociales, el laico puede traducir concretamente el carisma scalabriniano.
Muchas veces, esta misión se manifiesta en gestos simples: acoger a quien llega, ayudar en la documentación, orientar sobre derechos, ofrecer alimentos, ropas o medicamentos, acompañar procesos de integración y, sobre todo, escuchar las historias de quien lleva consigo el peso de la movilidad. Pero no se trata solo de asistencia material. La misión laica también se expresa en la dimensión espiritual. Rezar por los migrantes, recordar a quienes cruzan mares y fronteras, ofrecer consuelo y esperanza son gestos que fortalecen profundamente la misión de la Iglesia.
Para muchos Laicos Scalabrinianos, la misión se convierte en una verdadera forma de vida. La Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), en el Documento 105, recuerda que el cristiano laico está llamado a ser “sal de la tierra y luz del mundo” (Mt 5,13-16). Esta imagen evangélica revela que la misión del laicado no se limita al interior de la Iglesia, sino que se extiende a la transformación de la sociedad.
Así como la sal se disuelve para dar sabor y la luz ilumina sin ocupar el centro, también el laico cristiano está llamado a insertarse en las realidades humanas para testimoniar el Evangelio. Ni la sal ni la luz existen para sí mismos; de la misma manera, ningún cristiano vive solo para sí mismo.
Asumir el carisma scalabriniano como laico significa reconocer que el Evangelio tiene que ser vivido también en los lugares donde se desarrolla la vida social. Allí, el laico se convierte en puente entre la Iglesia y el mundo, llevando consigo el tesoro de la fe. San Juan Bautista Scalabrini expresaba esta convicción con palabras vigorosas al afirmar que, en las necesidades de la Iglesia, todo cristiano debe ser un apóstol generoso y ardiente. Para el fundador de la Congregación de los Misioneros de San Carlos – Scalabrinianos, el Espíritu Santo no permanece inactivo en el corazón de quienes lo reciben. Quien experimenta la gracia de Dios siente el impulso de anunciarlo y servirlo.
Así, fortalecer la misión no siempre significa realizar grandes obras visibles. Muchas veces, la misión se sostiene mediante gestos discretos: una escucha atenta, una palabra de esperanza, una orientación ofrecida en el momento oportuno. Son manos que se extienden a los migrantes que llegan sin un techo. Manos que sostienen silenciosamente la obra de Dios. Cuando estas manos se unen y el corazón se pone al servicio, Cristo se hace visible en medio del mundo.
Fotos: Archivo regional de la RNSMM