La génesis vocacional de San Juan Bautista Scalabrini
Conociendo a Scalabrini

Se sabe poco sobre la infancia y adolescencia de Juan Bautista Scalabrini, aunque algunas narrativas ayudan a delinear su personalidad. Estudió inicialmente en Fino Mornasco, su tierra natal, y luego en Como, a donde se desplazaba durante la semana, regresando a pie los sábados con algunos colegas.

Creció en una familia numerosa y modesta, pero capaz de garantizar la formación de los hijos. Su padre, Luigi, era un pequeño comerciante, y su madre, Colomba, se dedicaba enteramente al hogar y a la educación de los hijos. La pareja tuvo ocho hijos; Juan Bautista, nacido en 1839, fue el tercero. Aunque el padre era un hombre de fe, correspondió a la doña Colomba la conducción de la educación religiosa de la familia.

Desde niño, Juan Bautista mostraba deseo de amar y servir, inicialmente en su familia, pero siempre con una mirada abierta al mundo. No se sabe con certeza por qué decidió concluir sus estudios antes de ingresar en el seminario, decisión que tomó a los 18 años. El hecho es que, el 3 de octubre de 1857, su padre, Luigi Scalabrini, envió una breve carta solicitando la admisión de su hijo al seminario: “Dado que mi hijo Juan Bautista ha manifestado el deseo de seguir el camino eclesiástico, vengo a suplicar a Vuestra Excelencia que tenga la bondad de inscribirlo en el número de los clérigos del venerable Seminario Filosófico de San Abbondio; e, inclinándome humildemente, me declaro su humilde servidor”.

La semilla vocacional de Scalabrini ha germinado en el ambiente familiar y en la comunidad de fe de Fino Mornasco. Fue con la madre que aprendió a amar a Dios de modo concreto, como cuidado por los hermanos. Ya entonces aparecían los elementos que marcarían su vida vocacional: el amor a Jesús, la devoción a la Virgen, la comunión eucarística y el celo por la Iglesia de Cristo.

La semilla vocacional de Scalabrini germinó en el ambiente familiar y en la comunidad de fe de Fino Mornasco

Durante los cursos de filosofía y teología, se destacó como alumno ejemplar: dedicado, disciplinado y curioso, siendo el único en obtener la nota máxima en todas las disciplinas. En ese período maduró su deseo misionero, alimentado por el ideal de anunciar la Palabra del Señor en tierras lejanas, especialmente en Oriente, que vislumbraba como destino posible de su futura misión.

El 30 de mayo de 1863, Scalabrini fue ordenado sacerdote, fortaleciendo aún más su vocación misionera. Recibió de su madre la bendición para evangelizar por el mundo, pero no el permiso del obispo, que lo consideraba indispensable para la diócesis de Piacenza. Obedeció con humildad, pero sin renunciar al ideal misionero. Años después, ya obispo, recordaría ese deseo al entregar la cruz misionera a cinco religiosos: “Surgieron circunstancias imprevistas, no sé si como castigo por mis pecados o por los designios ocultos de Dios; y la cruz de madera de misionero se transformó en esta de oro que llevo al pecho, la cual a menudo me hace romper en lamentos con mi Señor, porque quiso darme ésta antes que aquella”.

Como primera misión, Scalabrini fue nombrado profesor y formador en el seminario, dedicándose intensamente a los seminaristas. En aquel período de fuerte polarización entre defensores y opositores de la unificación italiana, “transigentes” e “intransigentes”, tensión que también afectó el ambiente formativo, terminó siendo transferido a la Parroquia San Bartolomé, en Como.

Como párroco, pudo vivir intensamente su sacerdocio, dedicándose sobre todo a los más pobres. Se destacan, en ese período, su empeño por la catequesis y su atención a los sordos-mudos y a los trabajadores estacionales.

San Juan Bautista Scalabrini vivió intensamente su vocación, haciéndose todo para todos.

El apogeo vocacional de Juan Bautista Scalabrini tuvo lugar el 13 de diciembre de 1875, cuando, a los 36 años, fue nombrado obispo por el Papa Pío IX. La Italia recién unificada atravesaba tiempos difíciles, pero desde Piacenza, Mons. Scalabrini respondió con fe y creatividad a los desafíos sociales y religiosos.

La oportunidad de vivir plenamente su vocación misionera surgió con el gran flujo migratorio italiano. Entre 1876 y 1905, período del episcopado de Mons. Scalabrini, unos ocho millones de italianos abandonaron el país. Frente a este fenómeno, Scalabrini fundó dos congregaciones misioneras para acompañar a sus compatriotas en las Américas.

Así, aquella vocación misionera naciente encontró finalmente su realización. En cada religioso enviado a las Américas, Mons. Scalabrini prolongaba su propia misión, convirtiéndose en misionero en sus misioneros.

Oscar Ruben Lopez Maldonado

Fotos: Archivo Regional de la RNSMM y Archivo General

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