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“La migración no debe borrar la fe ni los sueños, sino abrir nuevos caminos de servicio y esperanza”. San Juan Bautista Scalabrini
La Congregación de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo – Scalabrinianas llegó a Mozambique el 29 de abril de 1994, invitada por el obispo Mons. Alexandre. Se estableció en Ressano Garcia, una zona fronteriza caracterizada por intensos flujos migratorios. Desde su llegada la Congregación se ha insertado con el carisma scalabriniano de servicio a los migrantes, respondiendo a las necesidades de niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
El orfanato inicial para niños huérfanos evolucionó hacia el Centro San Juan Bautista Scalabrini, que hoy acoge a niños y niñas migrantes, principalmente de la Provincia de Gaza. En el Centro se ofrecen: todos los jueves, alimentación para los niños en la casa de acogida y formación; en el Centro Scalabrini, apoyo escolar para los niños, cursos profesionales para los jóvenes y acompañamiento personalizado, promoviendo protección, formación y orientación para la construcción del proyecto de vida.
Las hermanas ofrecen cercanía, cuidado y escucha, complementando la acción pastoral de la comunidad. La Congregación cuenta además con dos hermanas mozambiqueñas, de Maputo, Sor Isaura Manjate, y de Nampula, Sor Estefania Pedro, que ayudan a hacer el acompañamiento vocacional más sensible a las realidades culturales y socioeconómicas de las jóvenes.
La vocación no nace para quien la retiene, y no puede vivir por sí misma, como nos enseñó el recordado Papa Francisco
Juventud: sueños y desafíos en contextos específicos
En las pequeñas comunidades de Maputo y Nampula, con las que estoy en contacto, los jóvenes sueñan con estudiar, trabajar, ayudar a la familia y servir a la comunidad. Al mismo tiempo, enfrentan pobreza, migración y fragilidad familiar. Cada joven trae consigo una historia única, marcada por esperanzas y desafíos.
“Conocer la cultura y el idioma de la joven es esencial para comprender su ritmo de aprendizaje y ofrecer orientación segura”.
Muchas jóvenes del interior tienen contacto limitado con el portugués y poco acceso a la Biblia o a materiales formativos. Entender este contexto es fundamental para el acompañamiento vocacional.
Discernimiento vocacional: presencia y respeto cultural
El discernimiento vocacional ocurre en las comunidades y familias, cuando la joven muestra interés por conocer mejor la Vida Religiosa Consagrada. Visitar a la familia, hablar con los padres y conocer su contexto de vida es esencial para comprender sus expectativas, miedos y talentos.
Distinguir lo que es cultural de lo que es personalidad ayuda a la joven a reconocer sus dones y talentos. Respetar la cultura, escuchar la historia de vida y caminar juntos son esenciales para que el discernimiento vocacional sea auténtico, consciente y encarnado.
Incluso en pequeñas comunidades, la juventud vive entre sueños y desafíos, buscando sentido y dirección para sus vidas. El discernimiento vocacional, acompañado por las hermanas scalabrinianas y la animadora vocacional, es un camino de esperanza y construcción de sentido, valorando la historia, la cultura y el contexto de cada joven.
Siguiendo el ejemplo de san Juan Bautista Scalabrini: “La vocación no se impone, sino que se descubre en comunión, oración y servicio”. Cada joven encuentra así un espacio de cuidado, escucha y formación que le permite vivir plenamente su vocación y transformar los desafíos en oportunidades de crecimiento.
Fotos: Misioneras de San Carlos Borromeo