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Una pregunta antigua, pero que todavía resuena en el corazón de cada joven: “Señor, ¿qué quieres de mí?”. He aquí el interrogante con el que todos nos encontramos alguna vez en nuestra vida. ¿Quién nunca se preguntó cuáles serían los planes de Dios para el propio peregrinar, o quién dejó de preguntar si los caminos en que se ponen los pies están de acuerdo con el proyecto del Señor?
Las redes sociales conectan a personas de diferentes edades y nacionalidades, así como a aquellas que comparten ideales y valores similares
En un mundo de inmediatez, en el que estamos expuestos a todo momento a opiniones diversas, sobre todo, preguntarse qué quiere el Señor de cada uno de nosotros parece no encontrar un terreno propicio para que esta cuestión pueda ser reflejada y discernida a la luz del Evangelio. Tenemos que dar una respuesta rápida en todo momento; la conversación con Dios a menudo es intercambiada por comandos dados a una aplicación de inteligencia artificial. Pero ¿dónde está el verdadero diálogo con Dios y consigo mismo? Relegado a un segundo plano, a una segunda opción en nuestras vidas.
La vida de fe y la participación comunitaria son dos elementos de suma importancia para discernir la pregunta que estamos reflexionando. Para poder comprender lo que el Señor quiere de mí, es necesario que yo tenga fe en sus planes, me deje guiar por sus caminos; es salir de sí e ir, como lo fue con Abraam al comienzo de su trayectoria (cf. Gn 12,1-4). Dios nos envía siempre al encuentro del otro; aquí encontramos el sentido de la participación comunitaria. Dios no nos quiere para nosotros mismos ni tiene una actitud egoísta de que somos exclusivamente de Él; estamos aquí para servirle a Él, que se manifiesta en la vida comunitaria (nadie es Iglesia solo).
Esencialmente por entender los interrogantes y las dificultades que afrontan los jóvenes de nuestro tiempo, encontramos a la Juventud Scalabriniana (JUVES) como una oportunidad para ayudar a la juventud católica a encontrarse con Dios y a descubrir respuestas o posibles caminos a la pregunta: “Señor, ¿qué quieres de mí?”. La Juves se convierte así en un espacio de escucha de esta porción del pueblo de Dios, donde los jóvenes son conducidos, a través del carisma scalabriniano, a descubrir a Cristo en los migrantes y refugiados. En los encuentros son reflexionados temas que animan a los jóvenes a dar una respuesta a Dios, siempre en un clima de espiritualidad e interacción, lo cual anima e impulsa a la juventud a salir de sí misma para ir al encuentro del otro.
Por ser este espacio propicio de encuentro, cuestionamiento, respuesta y acción, considero a la Juventud Scalabriniana una verdadera semilla de vocaciones. La semilla ya está plantada por Dios, pero es necesario hacerla germinar. La Juves es, verdaderamente, el agua esperada por la tierra y por la semilla que germina. Muchos de los frutos que vemos hoy tienen su origen en algún encuentro, retiro o misión de la Juventud Scalabriniana: laicos que dan su servicio a la Iglesia y a la comunidad; padres y madres de familia que guían y educan a sus hijos en la fe; religiosos y religiosas que, en la vivencia fraterna en comunidad, anuncian el Evangelio al mundo y a otros jóvenes; y presbíteros que viven como migrantes en medio de los migrantes.
22.º Encuentro Internacional de la Juventud Scalabriniana, celebrado en julio de 2025 en Santa Rosa del Monday, Paraguay
Si aún no has encontrado una respuesta sobre lo que el Señor quiere de ti, es necesario entregarse confiadamente a sus planes, acogiendo sus palabras y viviendo en comunidad. Es necesario estar atento a su voz y a su clamor. ¿Qué tal conocer un poco más el servicio y las actividades de la Juventud Scalabriniana? Recorramos juntos un camino nuevo de desafíos y descubrimientos, pero también de realizaciones y de encuentro con Cristo, descubriendo su rostro en los migrantes y refugiados. Que el Señor nos ilumine y nos ayude a tener discernimiento para entender lo que quiere de cada uno de nosotros.
Fotos: Archivo regional de RNSMM y Adobe Stock.